Cuarta trasformación, ¿sin reforma del Estado?

 

Mouris Salloum George*

En la literatura política mexicana de alto vuelo, encontramos una prescripción: Primero lo importante, enseguida lo urgente. (Don Jesús Reyes Heroles dixit).

 

Aunque no son necesariamente imperativos excluyentes entre sí, las nociones sobre la acción operativa de un Estado eficaz informan que lo urgente, con independencia de sus resultados, se agota en la inmediatez del acto de gobierno.

 

Lo importante tiene el valor de su influencia en el largo plazo.

 

Lo urgente, entraría en la categoría de las tácticas; lo importante, cuadra en la estrategia política con visión de futuro.

 

Al arrancar la cuarta transformación, el gobierno de la República ha acometido acciones, según la jerarquía en que coloca las prioridades respecto de los compromisos de campaña.

 

En efecto, hay demandas sociales cuya respuesta no puede postergarse, porque provienen de rezagos históricos.

 

Reformas estructurales y transformadoras, la gran reversa

Si vamos a lo importante, de acuerdo con el orden comentado, lo importante, después del rediseño de la administración pública, es la restructuración orgánica del Estado.

 

Las reformas estructurales del Estado, emprendidas hace cinco sexenios, no hicieron más de desestructurarlo para sustituirlo con el Estado neoliberal.

 

Las reformas transformadoras del pasado sexenio, tuvieron como resultado la deformación, la corrupción y la ineficiencia del entramado institucional.

 

Ese es el punto: Si bien el viejo régimen operó teóricamente bajo la doctrina de división de poderes, en la práctica pervirtió la exigencia democrática de pesos y contrapesos, cuyo soporte es el control constitucional del poder, básicamente del poder Ejecutivo. Concretamente del Presidente de la República.

 

La reforma del Estado dinamitada por Gobernación

En la primera alternancia en el poder presidencial (2000), se prometió a los mexicanos la Reforma del Estado. Se encomendó la iniciativa el ex priista Porfirio Muñoz Ledo. Su proyecto fue dinamitado desde la Secretaría de Gobernación, no por otra razón considerada responsable de la política interior.

 

Tres sexenios después, Muñoz Ledo preside la directiva de la Cámara de Diputados. Si bien parece atrofiado en su movilidad física, su capacidad intelectual parece activa. No tenemos registro de que Muñoz Ledo haya replanteado la Reforma del Estado.

 

En la Secretaría de Gobernación, obviamente, ya no despacha Santiago Creel Miranda, quien en el sexenio de Vicente Fox tiró por la borda en proyecto de Reforma del Estado.

 

En Gobernación está doña Olga Sánchez Cordero, ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 

La Corte, es el Tribunal Constitucional por mandato de la Carta fundamental. Una de sus facultades es atender las controversias constitucionales por conflictos entre poderes.

 

Si del Tribunal Constitucional proviene doña Olga Sánchez Cordero, y lo importante en esta hora, es darle al Estado nuevos fundamentos y herramientas para conducir la cuarta transformación, ¿qué explica que hasta ahora esa asignatura no aparezca en el orden de prioridades del nuevo gobierno.

 

No estamos en aptitud de responder a esa cuestión. Sólo dejamos constancia de una inquietud que está en mente de no pocos compatriotas. Vale.

*Director General del Club de Periodistas de México, A.C.