Corrupción… ¿En la Familia Empresaria?

Cuando nos referimos a la corrupción, generalmente nos vienen a la mente nuestros más famosos políticos ¿o no? A veces, incluso, recordamos a uno que otro líder sindical que ha hecho historia gracias a las notas periodísticas que “destapan” su comportamiento amoral y poco ético.

 

Pero, ¿cuántas veces pensamos en nuestro cónyuge o hijos cuando se evalúan estos aspectos?

 

La corrupción tiende a existir en cualquier ámbito social, y la familia—en especial, la familia empresaria—no es la excepción. Y es que, para bien o para mal, los negocios, el dinero y el poder unen o desunen. Y cuando se trata de defender posiciones individuales, se usan  métodos que dañan la autoestima, bajan la confianza, atenúan el compromiso y ponen en juego el futuro del negocio.

 

La palabra corrupción tiene su origen en el latín “corruptio” y significa, en teoría, la acción o efecto de hacer pedazos algo de valor. En la práctica, la corrupción se distingue por tres elementos básicos: 1) una conducta premeditada que ejerce aquél que se encuentra en una posición de influencia o poder (emocional, económico, jerárquico); 2) cuya motivación es obtener un beneficio personal sin importar las consecuencias para los otros; 3) recurriendo a mecanismos no-convencionales y poco transparentes.

 

Cuando estamos analizando la dinámica familiar —la forma en que los miembros de la familia empresaria interactúan entre sí—, es posible encontrar ciertos tipos de comportamientos corruptos, como por ejemplo: La manipulación psicológica, el chantaje emocional y la conducta abusiva (física y/o verbal). Y […] a continuación describiré sus características esenciales.

 

Tres tipos de comportamientos de la corrupción en la familia empresaria

  • La manipulación psicológica:

Está basada en la victimización y en el uso del sarcasmo y el humor para criticar/minimizar a otros. Además, recurre a la tergiversación de los hechos; a la “creación” de situaciones y problemas inexistentes con soluciones engañosas y a los stand-by’s indefinidos—posponer conscientemente y con excusas la resolución de una situación para que la familia se acostumbre a vivir así (asuma el sacrificio).

 

  • El chantaje emocional:

Es usado durante períodos de cambio en el ámbito de la familia (i.e. divorcio) o empresa (i.e. redistribución de la propiedad). Se nutre del miedo, la obligación y la culpa. La idea del chantajista es amenazar, exigir y hacer sentir culpable y responsable a los demás por su situación. Algunas formas de ejercerlo son: mentir o no dar información completa (a los hijos; a los amigos) para dañar la reputación del otro; amenazar e atribuir todo lo malo que sucederá en un futuro al otro; castigar mediante el distanciamiento o la nula comunicación; dividir al núcleo familiar y buscar aliados entre sus miembros.

 

  • La conducta abusiva (verbal y/o física):

Tiene como objetivo anular al otro, haciendo pedazos su autoestima e identidad, de forma de que sea incapaz de protestar, recuperarse o arreglar la situación. Se recurre a la utilización de la fuerza y/o a la violencia verbal, fomentando la pobreza de espíritu, el auto-engaño, la culpa y el miedo. Al final no sólo se da a la tarea de destruirse la personalidad de la víctima, también se generan inseguridades en todos los que conviven a su alrededor.

 

Es importante dejar claro que aunque estas conductas corruptas son recurrentes en situaciones conflictivas, algunas de ellas se ejercen como mecanismo diario de convivencia, volviéndose lastres emocionales heredables a los largo de las generaciones y causando, tarde o temprano, pérdidas millonarias para los negocios. ¡CUIDADO!

Fuente: El Financiero