septiembre 21, 2021

Café, jugo de naranja artificial, y… ¡huevos divorciados!, desayuno perfecto para el marido infiel

Café, jugo de naranja artificial, y… ¡huevos divorciados!, desayuno perfecto para el marido infiel

 

Rosaura y Ramiro se hicieron novios desde la escuela secundaria, muy jovencitos aún. Y diez años después se casaron por la iglesia católica, ya que ambas familias pertenecían al Opus Dei, y eran familias ejemplares, en las que los matrimonios tienen todos los hijos que dios mande.

 

Ramiro era el dueño de una empresa que le heredó su familia, era una fábrica de calzado de plástico para una población popular. Le iba muy bien económicamente. Rosaura tenía una tienda en La Lagunilla, cerca de Tepito. Era una tienda especializada en vestidos de primera comunión, también para quinceañeras y sobre todo para novias, y vendía además toda la parafernalia de objetos que acompañan esos ritos en la cultura mexicana; le iba estupendamente bien.

Esta ejemplar pareja de inmediato se dedicó en cuerpo y alma a procrear hijos cada año, con singular entusiasmo. Había suficiente dinero para su manutención y cuidado dentro del hogar, ya que tenían nanas todos los niños.

 

Con el paso del tiempo

Rosaura sintió que Ramiro había perdido interés en ella sobre todo en el terreno sexual. Y no dijo nada, no reclamó nada, se quedó callada.

 

Ramiro rejuveneció bastante gracias a su entrenador personal en el gimnasio y a la dieta de proteínas que era como una bomba y le proporcionaba mucha masa muscular. Rosaura al contrario estaba flaca y por más comida que se procuraba todos los días, no subía ni un gramo de peso.

 

Ramiro estaba muchas horas fuera del hogar, trabajando o haciendo ejercicio en el gym; y sus niños le causaban pocas alegrías y los domingos era un fastidio mayúsculo para él pasar con ellos o pasear, o comer en restaurantes con toda la familia.

Rosaura estaba preocupada por las bajas ventas de los atuendos rituales para las fiestas de las niñas mexicanas; si se seguían vendiendo los vestidos de la primera comunión , pero ya menos los vestidos de quinceañeras, y peor los vestidos de novias, ya no era la situación como antes.

 

Rosaura percibía un cierto malestar

En su relación con su amado esposo, no le satisfacía ese tipo de matrimonio tan distante e indiferente. Pero ella, calladita se veía más bonita, pensaba ella para sus adentros.

Rosaura dispuso actuar frente a Ramiro con una estrategia que consistía en enviarle mensajes subliminales o pronunciar frases cargadas de indirectas.

 

Ella elogiaba a Ramiro todas las mañanas acerca de su magnifico físico escultural con base en una dieta especial y mucho ejercicio con pesas. Y le decía, por ejemplo: Amor, que rico huele tu loción.  O,  Amor, tus camisas nuevas están divinas.  Etcétera etcétera. Ramiro respondía a los elogios de su mujer con una mueca que simulaba una sonrisa.

 

Los católicos no aceptan el divorcio porque es un gran pecado…

Pero Rosaura sentía que eso es lo que correspondía, o al menos conseguir una separación civilizada, y no pedir al Vaticano la anulación de su matrimonio religioso.

 

Ella intuía, con ese sexto sentido femenino, que su marido tenía otra relación, otra mujer. Y su tormento era preguntarse:

¿Yo soy la otra? O, ¿La otra es la otra? Pero se convencía que ella no era la otra, sino que la otra era la otra.

La razón era sencilla de entender, Rosaura sabía que ella era la esposa legítima, la oficial, y eso le calmaba la angustia existencial.

 

En su desesperación

Ella decidió actuar con fuerza y determinación ante su marido, y tomar el toro por los cuernos… Entonces se fijó una meta que consistía en servirle el desayuno a Ramiro todas las mañanas, con el mismo menú: café, jugo de naranja artificial, y… ¡huevos divorciados!

 

Rosaura estaba  segura que el mensaje implícito en los huevos divorciados era una indirecta para un buen entendedor e inteligente como lo era su marido. Y que él, lógicamente, entendería el reclamo sutil de ella, y hablarían de la separación y que se pondrían de acuerdo en un convenio económico.

 

No ocurrió nada de lo imaginado por Rosaura. Al contrario, su marido devoraba con deleite sus huevos divorciados y felicitaba a Rosaura por su buena sazón en la comida. Terminaba de desayunar, se limpiaba el bigote con una servilleta de tela azul y le daba un beso en la frente de su amada mujer… ¡y se iba con la otra!

*La Vaca Filósofa

Foto: stevepb

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