septiembre 21, 2021

#Brasil: la crisis no es militar, sino sanitaria y económica

#Brasil: la crisis no es militar, sino sanitaria y económica

MSIa Informa

La sorprendente decisión del presidente Jair Bolsonaro de renunciar al ministro de Defensa y a los tres comandantes de las Fuerzas Armadas, como parte medular de un cambio ministerial que, aparentemente se limitaba al Ministerio de Relaciones Exteriores (Itamaraty), despertó temores de una posible crisis militar, en un momento complicado para el país.

 

A pesar de las turbulencias que siempre envuelven semejantes acontecimientos, todavía no se puede decir que esto configure una crisis militar, algo que pudiera repercutir más allá de los cuarteles. Es decir, nada que el profesionalismo de las Fuerzas Armadas no pueda absorber y neutralizar.

 

En realidad, la crisis tiene otras aristas más graves, la sanitaria y la socioeconómica. La primera, resultante de la fuerte escalada de la pandemia de Covid-19, llevando al sistema de salud a los límites de su capacidad, con hospitales, unidades de terapia intensiva (UTIs) y un personal agotado, escases de medicinas e insumos y otros síntomas de un sistema al punto del colapso.

 

El segundo frente crítico quedó explícito con la divulgación de la más reciente Encuesta Nacional de Muestra Domiciliaria Continua (PNAD Continua) del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), cuyos resultados resaltan los efectos del prolongado estancamiento económico que afecta al país desde 2015, agravados por los efectos de la pandemia.

 

En síntesis

  • En el trimestre concluido en enero, el número de desempleados llegó al récord de 14.3 millones de personas, un aumento de 2.4 millones en un año.
  • El número de personas que desistieron de encontrar trabajo se mantuvo en casi 5.9 millones y el de subutilizados (personas que quisieran trabajar más) quedó estable en 32.4 millones.
  • El rendimiento medio quedó en 2521 reales, valor 2.9% inferior al del trimestre anterior, y la masa de rendimientos quedó estable en el mismo período, llegando a 211 mil millones de reales (Agencia IBGE, 31 de marzo de 2021).

 

A pesar de las dificultades y de las polémicas que involucra, la crisis sanitaria cuenta con una perspectiva de encaminamiento positiva, ofrecida por la esperada intensificación de la campaña de vacunación y otras medidas que, sumadas al denodado esfuerzo de los profesionales y auxiliares médicos, de organizaciones civiles y voluntarios, militares y otras, podrían ponerla bajo control en un previsible horizonte de mediano plazo.

 

Por su parte, a la crisis socioeconómica no se le ve solución posible con la persistencia de la política económica actual, punitiva para la mayoría de las actividades productivas, concentradora de ingresos y universalmente fracasada en producir los resultados prometidos, a pesar de ser vendida como la panacea universal por el ministro de Economía Paulo Guedes.

 

Aunque el ministro actual no haya sido el detonador del estancamiento, su obsesión por un recetario ultra liberal que solamente produjo desindustrialización, concentración del ingreso y exclusión donde fue aplicado, sólo tiende a agravar todavía más el ya de suyo desastre económico. En suma, con Guedes y su política “antieconómica”, penalizadora de la economía real y aceleradora de ganancias improductivas, ese será el sombrío futuro reservado a Brasil.

Foto: guertzen

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