abril 20, 2021

#Biden: Fin a la #GuerraCivil y retorno al #ViejoColonialismo

#Biden: Fin a la #GuerraCivil y retorno al #ViejoColonialismo

MSIa Informa

Vamos a comenzar de cero, todos nosotros. Vamos a empezar a vernos unos a los otros nuevamente, mostrar respeto a unos a otros.

Con este llamado en su discurso de tomas de posesión, el presidente Joe Biden convocó a sus compatriotas a dar fin a la “guerra civil” que divide a la sociedad estadounidense en rabiosas facciones delimitadas por líneas de fracturas ideológicas, políticas y sociales, frecuentemente, superpuestas.

 

Saludado casi universalmente como un símbolo del “retorno a la normalidad” de los EUA, después del turbulento cuadrienio de Donald Trump, en realidad, Biden significa el regreso del control de las riendas del poder a las facciones más agresivas del “Establishment” estadounidense. Para ellas, Trump era un intruso no totalmente moldeable a sus designios y, por consiguiente, un factor que complicaba la agenda de la preservación de la estructura del poder mundial (el “gobierno mundial”, como lo denominamos), actualmente en una fase de crisis terminal frente a los impulsos del cambio de era en curso.

 

Semejante expectativa para el gobierno de Biden es reforzada por su selección de puestos claves en su gabinete de veteranos representantes de aquel aparato de poder, todos férreos adeptos del “excepcionalismo” estadounidense y de las intervenciones militares como instrumento favorito de la política exterior.

 

Esta lista incluye: el secretario de Estado Anthony Blinken; al consejero de Seguridad nacional Jake Sullivan; al coordinador de asuntos de Oriente Medio Brett McGurk; la directora de Inteligencia Nacional Avril Haines; el secretario de Defensa Lloyd Austin. Merecen mención aparte las nominaciones de Victoria Nuland como secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Políticos y Samantha Power para la presidencia de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). En el gobierno de Barack Obama (2009-2017), Nuland tuvo un rol crucial en el derrocamiento del presidente Viktor Yanukovich, mientras Power, exembajadora en Naciones Unidas, actuó con denuedo en el apoyo a las intervenciones militares “humanitarias” en Siria, Irak y Yemen.

 

Además de la agenda belicista, Biden podría contemplar con énfasis las pautas identitarias, ambientales y económicas, en especial, estas últimas, agregadas en la idea del llamado “Gran Reset”, promovido por las elites supranacionales agrupadas en el Fórum Económico Mundial (WEF), el cual presentará el tema con bombo y platillos en su reunión de este año, que se realiza de forma virtual entre el 25 y el 29 de enero, a partir de su sede en Davos, Suiza.

 

Para encuadrarse en el “Reset”, cuyo objetivo declarado es la promoción de una “capitalismo inclusivo”, Biden convocó al veterano exsenador y exsecretario de Estado John Kerry, a ser su representante en Davos. En un panel promovido por el WEF, en noviembre, ya nominado para la posición, Kerry hizo explícito el compromiso del futuro gobierno de Biden con la pretendida “reconfiguración” de la economía mundial. “Si, el (el “Gran Reset”) ocurrirá. Creo que se desarrollará con una velocidad y una intensidad mayores de lo que mucha gente imagina (The Hill, 3 de diciembre de 2020)”.

 

De hecho, las elites “globalistas” de Davos pretenden usar la emergencia sanitaria creada por la pandemia de Covid-19 para acelerar la implementación del “Reset”, incorporando también la supuesta emergencia climática en las políticas económicas, subordinando las actividades productivas en general, a criterios de “sustentabilidad” y “neutralidad de carbono”, los nuevos indicadores pretendidos para arbitrar las iniciativas y políticas de desarrollo, principalmente, en las economías emergentes (ver nota siguiente).

 

El nuevo Reset y el viejo colonialismo

En términos históricos, el “Reset” (reinicio, en inglés) es solamente la más reciente acción de las fuerzas hegemónicas oriundas del antiguo Imperio Británico, con la intención de “reiniciarse” para preservar su hegemonía ante los nuevos cambios históricos de era, como ocurrió en momentos específicos del siglo XX. El “reinicio” se dio con la inclusión del componente estadounidense lo que vendría a conocerse como el Establishment angloamericano, establecido después de la I Guerra Mundial, lo cual sería decisivo para la victoria sobre el nazifascismo, en el segundo conflicto mundial, ocurrida en 1945.

 

El llamado socialismo fabiano, promovido por la Escuela de Economía de Londres, fue un intento de disfrazar las viejas prácticas imperiales británicas bajo un nuevo ropaje más “socializado”, algo semejante a lo que pretenden los promotores del “Reset”, con el insidioso recurso hacia las pautas ambientales e identitarias, para preservar la hegemonía de la lata finanza “globalizada” sobre la economía real. Sobre este tejido mal reciclado, mal consigue ocultarse una ideología ultraliberal y maltusiana de las oligarquías transnacionales, cuya reencarnación más reciente, la mal denominada globalización, tuvo como resultado más prominente un profundo aumento de las inequidades socioeconómicas en todo el mundo, dentro de la mayoría de los países y entre ellos.

 

La gran diferencia con el “reset” del Imperio Británico, que transmitió el bastión hegemónico hacia los EUA “reconquistados” (como propugnaba el arqui-imperialista Cecil Rhodes), es que hoy no existe nada que pueda encarnar un nuevo hegemón, por más que Joe Biden y Kamala Harris quieran representar una cara más “humana” de un hegemonismo obsoleto, con un gobierno cuyo lema bien podría ser “Reset Primero”.

Foto: Especial

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