#ArmandoManzanero en La Alhóndiga, en #Guanajuato

Por cosas del destino me tocó vivir en la Ciudad de Guanajuato, capital del estado en los años 80 del siglo pasado.
Fui funcionario del gobierno federal y representaba a la Secretaría de Programación y Presupuesto en materia de capacitación de los trabajadores al servicio del estado.
Guanajuato es famosa por sus horribles momias que son visitadas por los turistas nacionales sobre todo, son grotescas criaturas humanas .
En aquellos años se decidió que en Guanajuato se celebrara un Festival Internacional de cultura, el famoso Festival Internacional Cervantino. Era un acontecimiento de fama y prestigio mundial.
Había bastantes recursos financieros para recibir a artistas de todo el mundo con todos los gastos pagados. Y por eso tuve la fortuna de escuchar magníficos conciertos de música clásica con orquestas sinfónicas europeas,
Cuartetos de cuerdas como el conjunto italiano I Musici, impactantes obras de teatro como las del polaco Tadeusz Kantor, el ballet de Londres, danzas de Bali, y circos famosos como el francés.
La esposa del presidente José López Portillo, doña Carmen Romano era artista y daba conciertos de piano dentro del festival. Ella era una ferviente impulsora de la música clásica en México.
El Cervantino congregaba en ese entonces multitudes de jóvenes de toda la República, eran mochileros, que iban exclusivamente a la fiesta, a divertirse por su cuenta; grandes fiestas y borracheras por toda la ciudad de día y de noche.
Los actos en recintos cerrados eran pagados y los actos al aire libre eran gratuitos. En la plazuela de San Roque, los entremeses cervantinos, y en la Alhóndiga de Granaditas una serie de presentaciones de grupos y bandas populares de todo el mundo, y gratis. Ahí Armando Manzanero ofreció un memorable recital con su repertorio personal. Fantástica función musical.
Los artistas internacionales ofrecían sus actuaciones en el Teatro Juárez, Teatro Cervantes y en la iglesia de la Compañía de Jesús. Todos esos actos eran pagados y exclusivos para un público conocedor.
La paradoja era que los grandes artistas internacionales tenían las salas de sus presentaciones vacías, y los funcionarios del gobierno federal estábamos comisionados para meter gente con boletos gratuitos, y jalábamos a los peatones para invitarlos a presenciar un concierto de Mozart con un pianista ruso, y la respuesta era: ¡NO, muchas gracias!
Tuve la fortuna de asistir a grandes funciones con salas semivacías. Una pena enorme me invadía por no llenar los recintos enormes que estaban designados para las presentaciones estelares.
Se presentó una ópera italiana en el Teatro Juárez y el teatro a la mitad de su aforo. Tuvimos que acarrear a los empleados municipales, y llenamos el teatro a como diera lugar. El aburrimiento y los bostezos de los empleados municipales eran evidentes, y ni modo así es la cosa de la “alta cultura y las bellas artes” en Guanajuato en casi todos los festivales cervantinos.
Para rematar las funciones con los famosos había grandes banquetes de lujo , a los que asistía con singular alegría, se comía espléndidamente y se bebían buenísimas bebidas importadas de Europa.
Me tocó vivir la gloria y el éxtasi del gobierno de José López Portillo, en mi estancia en la bella Ciudad de Guanajuato.
Un último asunto, durante los tres años como funcionario federal en Guanajuato, la Ciudad no tuvo agua corriente en las casas. Todos teníamos que comprar grandes toneles metálicos, tambos enormes, para recibir dos veces por semana el servicio de agua no potable con las pipas de agua municipales.
Decía el filósofo guanajuatense José Alfredo Jiménez: En Guanajuato la vida no vale nada. Y tenía razón porque unos pocos funcionarios ganábamos muy bien y la inmensa mayoría de la población obtenían salarios miserables, y así no se puede estar ni con los buenos festivales internacionales Cervantinos que les proporcionaba el gobierno federal en forma gratuita.
PD. Nunca he vuelto a Guanajuato desde los años 80. Dicen que ya tienen agua potable.
*La vaca filósofa
Foto: Especial